Protagonistas de la Expedición

Fernando de Magallanes

Fernando de Magallanes

Explorador y navegante portugués nacido en la villa de Sabrosa en la primavera de 1480, de noble cuna, entró a servir como paje en la corte de la reina Leonor, consorte de Juan II de Portugal. En su juventud estudió náutica y cartografía en Lisboa. Magallanes caballero de la Orden de Santiago y comendador en la misma, se casaría con Beatriz Barbosa, pariente suya, y tuvo dos hijos: Rodrigo y Carlos, que murieron jóvenes.

Pasará a la historia por ser el Capitán general de la «Armada de la Especiería» expedición que puso en marcha el proyecto del marino para explorar nuevas rutas hacia Oriente, más concretamente hacia las islas Molucas, en búsqueda de las ansiadas especias productos de gran valor en la época pues no sólo aportaban variedad culinaria y reforzaban los métodos de conservación de alimentos, sino que además eran una poderosa fuente farmacopea.

Por desavenencias con la Corona portuguesa, a quien Magallanes presentó el proyecto inicialmente, se dirigió  a España a finales de 1517 para entrevistarse con el Rey Carlos I, a quien propuso ir a las islas Molucas por Occidente.

La expedición partió de Sanlúcar de Barrameda el 20 de Septiembre de 1519 con Fernando de Magallanes como Capitán General. En su viaje descubrió el paso a través del continente americano hacia las Islas de las Especias, paso que recibe hoy día el nombre de Estrecho de Magallanes, un verdadero laberinto de canales en el que se adentra la flota dirigida por Magallanes, siendo el primer europeo en navegarlo y cruzarlo, 39 días después entran en el Mar del Sur. Magallanes rebautizaría estas aguas con el nombre de Océano Pacífico debido a su aparente calma.

Poco antes de llegar a las Islas Molucas, Magallanes morirá en la isla de Mactán, en Filipinas. Narra Pigafetta cómo al amanecer del 27 de abril de 1521, 50 hombres, entre ellos Magallanes, bajan a tierra y se enfrentan a unos 1500 indígenas, cayendo muerto el navegante portugués por las flechas envenenadas de los nativos, quienes se hicieron con su cuerpo y no consintieron en devolverlo para que recibiera sepultura, no pudiendo terminar su cometido.

Fernando de Magallanes  marcará el rumbo de la expedición por su temperamento y caudillaje  que impone a los demás acompañantes, castigando a quienes se le enfrentan con mano firme; Contaría con la lealtad de Pigafetta, cronista de la I Vuelta al Mundo, quien sólo tiene palabras gentiles con el Capitán General, nombrándolo en su diario multitud de veces tildándolo de bravo, capaz y noble persona, que dio su vida por la defensa de su empresa.

 

Juan Sebastián Elcano

Juan Sebastián Elcano

Como bien decía Francisco de Borja Aguinagalde, en su artículo publicado en In Medio Orbe: ¿Qué sabemos realmente sobre Juan Sebastián Elcano?, es ciertamente complicado conocer en profundidad la biografía del Capitán Juan Sebastián Elcano, al menos, en lo que respecta a los aspectos de su vida antes del inicio del viaje a las Molucas. La razón de esta falta de documentación es una vez más, como ocurre en muchos lugares (véase la perdida de la mayor parte de Archivo Municipal de Sanlúcar en 1933), la destrucción de los archivos de Guetaria.

Mucho de lo que se sabe del personaje es gracias al prolijo testamento que Elcano dejó poco antes de morir en 1526, justo cuando se encontraba en el trascurso de Expedición de García Jofre de Loaísa iniciada en 1525, donde también viajaba el célebre explorador español Andres de Urdaneta. Del texto de su testamento, bien estudiado por Manuel Tallafigo, se puede extraer de forma genérica que nació en Guetaria, entre 1476 y 1480, en el seno de una familia que vivía de y para el mar, y de la cual, él fue el primogénito de nueve hermanos. El origen de su apellido (Elcano o de Elcano), no está del todo claro pero era tradición de la época, y de otras muchas épocas, que los apellidos se asociaran al lugar de donde se era oriundo, y en este caso, todo parece indicar que Elcano se correspondía con una pequeña aldea situada entre Zarautz y Aya, a escasos kilómetros de Guetaria.

Tampoco está claro cómo llegó Elcano a enrolarse en la expedición de Magallanes pero todo apunta a que se enroló, probablemente, como forajido ya que debió haber incurrido en algún delito para saldar sus deudas. Fuera como fuese, Elcano se encontraba en Sevilla  cuando se reclutaban marineros para el viaje a las Molucas y se embarcó como contramaestre de la nao Concepción, capitaneada por Gaspar de Quesada quien fue ajusticiado posteriormente  tras los sucesos del Motín de San Julián en 1520.

El viaje que comenzara capitaneado por Magallanes en 1519, acabaría bajo el mando general de Elcano en 1522. La consecución y logro del viaje le reportaría a nuestro personaje una remuneración económica, a modo de renta anual, de 500 ducados, y un título que le otorgó el emperador Carlos V con el que se ennoblecía su linaje. En el escudo quedó representada una esfera terrestre en clara alusión a la gesta conseguida y una leyenda en latín que decía y dice: Primus circundedisti me.

En 1526, Elcano cayó enfermo en medio del océano Pacífico, a bordo de la nao Santa María de la Victoria, quedando su nombre grabado en la memoria de los tiempos y de los hombres, al más puro concepto clásico de la fama y la gloria.

Antonio de Pigafetta

Antonio de Pigafetta

Antonio Pigafetta, piloto de la expedición Magallanes-Elcano, la Primera Circunnavegación conocida del Planeta, nacido en Vicenza, entre 1481 y 1491 y fallecido probablemente en torno a 1535-1536, súbdito veneciano, dejó testimonio de la Primera Vuelta al Mundo en su obra “Primer Viaje en Torno del Globo” (editada por Amoretti a principios del Ochocientos y que conociera unos primeros trabajos editoriales ya en la Venecia del siglo XVI).

De este modo Pigafetta, persona de vida aventurada, prototipo de hombre de riesgo de la Tarda Edad Media y el Alto Renacimiento en Europa, hijo de una de las tierras culturalmente más avanzadas y sofisticadas de su época, Italia, dejó constancia histórica y memoria de los avatares del viaje de Magallanes-Elcano (que él vivió en primera persona) en su diario personal, que se convertiría en crónica del viaje.

Pigafetta, traductor, estudioso de las lenguas, que legaría -fruto de su viaje- a nuestro idioma palabras tomadas de lenguas amerindias tales como “hamaca”, “cacique” o “canoa”, por citar algunas, espíritu curioso, amante de la Naturaleza, naturalista él mismo, que descubrió especies animales como el lobo marino, el guanaco o el pingüino de Magallanes, marino y piloto, amén de escritor y cronista, era algo más que todo eso: fue el transmisor para la posteridad de los avatares de la Expedición.

El vicentino llega a España en 1518 por Barcelona, en el séquito de un cardenal romano, Francesco Chiericati, enviado como nuncio apostólico a estas tierras por el Papa León X. Chiericati, protector de Pigafetta, moverá influencias para presentar al joven en la Corte, y auspiciará sus movimientos. Nuestro protagonista, en su acercamiento a la futura expedición, viajará a Sevilla desde Barcelona vía Málaga, para finalmente embarcarse como “sobresaliente” en la Nao Trinidad, la capitana de Magallanes.

Pigafetta viajará, resultará herido en el combate de Mactán, en Oriente, intentando infructuosamente salvar a Hernando de Magallanes, ejercerá como traductor y como piloto, redactará su diario y regresará como uno de los escasos supervivientes a bordo de la Victoria, en 1522, a las playas de esa “Bahía” de Sanlúcar de Barrameda en las que, según su testimonio, se encuentran el alfa y el omega, el principio y el culmen de la Expedición. De este diario el autor entregaría un ejemplar al emperador Carlos V, algo natural al ser el César el patrono de la expedición.

Al tiempo, es de mencionar que Pigafetta a su regreso se entrevistó con el rey de Portugal, don Manuel, con la reina regente de Francia, María Luisa de Saboya (madre del futuro Francisco I, derrotado en Pavía por Carlos V en 1527), y, ya en Italia, con Isabel de Este, marquesa de Mantua, protectora de Rafael, de Leonardo, de Baltasar de Castiglione y de Mantegna, entre otros. Pero a ninguno de estos soberanos reinantes europeos entregó la segunda copia de su relato. Ni tampoco al Papa: Clemente VII tuvo que insistir en sus ruegos al vicentino para que le dedicase una copia de su escrito, cosa que lograría finalmente.

La segunda copia de su texto fue entregada y dedicada por Pigafetta al Gran Maestre de los Caballeros de la Noble Orden del Hospital de San Juan de Jerusalén, los Caballeros de Rodas, Felipe de Villiers de l’Isle-Adam, al servicio de cuya Orden consagró el vicentino Antonio Pigafetta el resto de su vida según él mismo manifiesta. Pudiera ser que nuestro navegante hubiera podido estar desde un principio al servicio de la Orden de los Caballeros de Rodas (luego y hasta hoy más conocida como Orden de Malta, en la que muchos quieren ver a una suerte de heredera de la vieja y extinta Orden del Temple).

Pudiera ser que se tratase de un agente papal, miembro en secreto de la Orden Hospitalaria, que hubiera desempeñado un triple juego de lealtades: respecto a Castilla y a Carlos V, respecto al Papa y, finalmente, ante quien pudiera haber sido su verdadero señor natural: el Gran Maestre de la Orden del Hospital, recipendiario, como el emperador Carlos V de una de las dos primeras copias del relato de los viajes de Pigafetta.

En cualquier caso, el vicentino fue el cronista del gran viaje que culminaría la Primera Vuelta al Mundo, y a sus palabras debemos nuestro conocimiento de los avatares de esa Expedición que cambió para siempre la Historia de la Humanidad.

Retrato de Carlos V

Carlos V

En los momentos de inicio de la “globalización” del mundo, a caballo entre los siglos XV y XVI, Sanlúcar de Barrameda contaría con un enorme papel; es en ese entonces cuando veremos desarrollarse la Primera Circunnavegación de la Tierra. Ese momento fundamental de la Historia de la Humanidad se produce de la mano de los inicios del reinado del rey-emperador Carlos V, cuyo impulso habría de resultar esencial para que la Primera Vuelta al Mundo se llevase a cabo efectivamente.

Sería Carlos V quien convertiría a la Expedición Magallanes-Elcano en un verdadero proyecto de Estado, con Sanlúcar de Barrameda como el auténtico eje de las circunstancias y del momento, como eje geográfico del Golfo de Cádiz y base de partida de las grandes expediciones oceánicas de la época.

Carlos V (Gante, 1500 – Yuste, 1558), humanista, hombre de letras, modelo de príncipes, amigo de filósofos y literatos, reuniría en su persona cuatro de las principales herencias dinásticas de la Europa tardomedieval, como es bien sabido, pues por su línea paterna sería heredero de las Casas de Austria y de Borgoña, que le reportarían no sólo el Archiducado de Austria y el Gran Ducado de Borgoña, sino el título de Emperador del Sacro Imperio Romano; de otra parte, por su línea materna heredaría los Tronos de Castilla y Aragón, con todos sus reinos y demás títulos dentro y fuera de la Península Ibérica.

Las Casas de Austria, Borgoña, Castilla y Aragón, de este modo, se reunirían en la persona de este joven soberano, hijo de Juana de Castilla y Felipe “el Hermoso”, nieto del emperador Maximiliano de Habsburgo y de la gran duquesa Margarita de Borgoña, de una parte, y de los Reyes Isabel de Castilla y Fernando de Aragón (ambos de la Dinastía Trastamara), de otra; la Europa medieval, continental y mediterránea, y los nuevos mundos transoceánicos, americano, africano, oriental, tendrían su crisol en la figura del César Carlos V, soberano de uno y otro confín del Orbe, un planeta que se conocería por primera vez sus hechuras y límites merced a la Primera Circunnavegación, ese viaje que el emperador Carlos V impulsaría convirtiéndolo en una iniciativa estatal.