La navegación

…y más sabrá Vuestra Majestad que aquello que más debemos estimar y tener es que hemos descubierto y dado la vuelta a toda la redondez del mundo, que yendo para el Occidente hayamos regresado por el Oriente.

Juan Sebastián Elcano, Carta a Carlos V

Introducción

La carrera por el control de las rutas marítimas entre Castilla y Portugal se inició en el s. XV y continúo durante gran parte del s. XVI. La navegación se convirtió entonces en política de estado y la apropiación de las nuevas tierras descubiertas garantizaba la explotación del territorio y sus recursos. El dominio de los océanos otorgaba la exclusividad del comercio de oro, de esclavos y de especias, en un momento en el que se habían cerrado las vías comerciales tradicionales desde Oriente a causa del control otomano de Bizancio desde 1453.

Ciencia y cartografía

Para hablar de la navegación del s. XVI, tal vez tendríamos que remontarnos a las concepciones geográficas y científicas de la Antigüedad Clásica, al legado grecolatino, y en concreto, a las consideraciones de geógrafos como Eratóstenes, Posidonio y Ptolomeo. Sus ideas, observaciones y cálculos se retomaron durante los siglos XIV, XV y XVI por medio de geógrafos como Pierre Ailly, Martin Behaim o Johannes Schöner.

Tanto Colón como Magallanes, así como la mayoría de los navegantes de la época, conocían las consideraciones generales que  los geógrafos de la antigüedad habían elaborado sobre las formas y  medidas del Planeta. En el caso de Eratóstenes, matemático y geógrafo del s.III a.C., su medición de 39.000 ó 41.000 km (según la fuente que se consulte), se acercaba increíblemente a la cifra actual del ecuador de 40.000 km. En el siglo II a.C. Posidonio calculó en unos 28.000 km la circunferencia de la Tierra, cifra que retomó Ptolomeo en el s. II d.C. y que a su vez manejaron los navegantes de la época como estimaciones para navegar las nuevas e ignotas rutas marítimas.

Por otro lado, los portulanos o cartas portulanas, que alcanzaron su máximo desarrollo en los siglos XIV y XV, seguían teniendo vigencia a principios del s. XVI aunque poco a poco fueron desplazadas por la navegación astronómica, apoyada en un mayor perfeccionamiento  del astrolabio que se hizo imprescindible cuando los barcos se lanzaron a cruzar los océanos. Estas cartas portulanas, se comenzaron a elaborar en Génova en el s. XIII y fueron de gran utilidad para la navegación del momento ya que se incorporaban puntos claves y accidentes geográficos como cabos y bahías, además de, marcar los rumbos a seguir entre los puertos marítimos. Desde la Casa de Contratación en Sevilla, estos planos se iban actualizando y perfeccionando a medida que se iban conociendo los nuevos territorios descubiertos.

Para cuando Magallanes inició su expedición, existían mapas y cartas portulanas como las que habían elaborado Juan de la Cosa o Jorge Reinel. En 1499, De la Cosa, cartógrafo que ya había viajado a América con Cristóbal Colón en 1492, partió de Sanlúcar de Barrameda en una nueva expedición, esta vez comandada por Alonso de Ojeda, y elaboró la primera carta donde se detalla parte de la costa americana y parte de las islas del Caribe. En 1519, Jorge Reinel, hijo del célebre cartógrafo portugués Pedro Reinel, ya tenía elaborado un mapa global con muchas de las nuevas tierras que se habían descubierto y explorado entre 1492 y 1519.

Navegación e innovaciones

Los avances técnicos en la navegación avanzaron al ritmo de las necesidades de expansión de las dos principales potencias del momento: Portugal y Castilla. Además del desarrollo en cartografía náutica, tanto embarcaciones como instrumentos de navegación experimentaron mejoras e innovaciones de uso. La brújula y el astrolabio, imprescindibles para la navegación de esta época, no serán superados en uso hasta el s. XVIII con la invención del sextante.

En el caso de la construcción de embarcaciones, se abandonó el uso de la coca de época medieval por barcos que irrumpen en el s. XV como las carabelas, las carracas y las naos. Aunque la carabela cayó en desuso a principios del  s. XVI, no se puede entender el inicio de las exploraciones náuticas sin este tipo de barco. Fue de invención portuguesa y fue utilizado durante gran parte del s. XV para las navegaciones hacia el Atlántico sur. Las naos, de mayor capacidad de carga, aunque algo más lentas que las carabelas, se usaron desde el s. XV hasta la primera mitad del s. XVI. En este momento se verán desplazadas por un tipo de barco propiamente español: el galeón.

Itinerarios

Las rutas de navegación de la época estaban controladas principalmente por la corona castellana y Portugal. Avocadas al Atlántico, ambas potencias acabaron  monopolizando las rutas marítimas y repartiéndose literalmente el mundo. Primero bajo el Tratado de Alcaçovas en 1479 y el establecimiento de la línea divisoria a la altura del cabo Bojador; y posteriormente, con el Tratado de Tordesillas en 1494 bajo mediación papal y el establecimiento de la línea de demarcación a 370 leguas al oeste de Cabo Verde.

Durante el s. XV, Portugal tomó la delantera en esta carrera marítima y acabó monopolizando la ruta hacia África. Bartolomé Díaz logró bajar en 1488 hasta el cabo de Buena Esperanza  y en 1498, Vasco de Gama lo dobló dirigiéndose hasta la mítica Calicut en la India.  Portugal se aseguraba el control de la ruta hacia el Este a través del  Atlántico sur y el Índico, y dominaba la mayor parte del comercio con África y la India.

Castilla se lanzó hacia el Oeste con la idea de llegar hacia el Este. Primero logró dominar algunas posesiones del Atlántico como las islas Canarias y posteriormente, tuvo que virar el rumbo de sus navegaciones hacia el Occidente, el resultado: la aparición de un nuevo continente y la apertura posterior de una nueva ruta de navegación entre el Viejo Continente y el Nuevo Mundo y Asia.

La vida en el mar

La vida en los barcos del s. XVI no debió ser fácil. Hacinamiento, cansancio, hambre y sed eran la tónica normal de los grandes viajes oceánicos. En espacios muy reducidos convivían hombres y animales que cedían la mayor parte de la nave al cargamento de la mercancía comercial y a los víveres para el viaje: básicamente, botijas de agua y pan recocido (bizcocho).

La sed era relativamente proporcional a la escasez del agua dulce, así como el cansancio y el esfuerzo físico era proporcional a las duras faenas de navegación y  a la escasez de alimento fresco. Todo ello llegaba a convertirse en un círculo tormentoso y agónico que en muchos casos desembocaba en la aparición de enfermedades como el escorbuto. Además, la sed se incrementaba con la ingestión del alimento en salazón, forma más común de conservación en la época.

En el caso de la expedición que dio la primera vuelta al mundo, tal debieron de ser las circunstancias horribles de navegación que, Juan Sebastián Elcano pedía a su majestad Carlos V por sus compañeros marineros en estos términos:

“Suplico e pido por merced a tu Alta Majestad por los muchos trabajos e sudores e hambre e sed e frío e calor que esta gente ha pasado en tu servicio, les hagas merced de la quarta parte e veintena de sus caxas e quintalada”

Tal vez, sólo en el caso de vientos favorables o “calma chicha”, la tripulación podría tomarse un descanso y, es probable que apareciera el juego y el vino como único modo evasivo a la dura vida en alta mar.

Consecuencias del hito

Desde el mismo momento de la consecución de la expedición de Magallanes-Elcano, ya se sabía que nada volvería a ser igual. A pesar de todo, la aceptación de la esfericidad del mundo tardó un poco en arraigar en la mentalidad colectiva, tal y como ocurre con cualquier fenómeno profundamente revulsivo. Además, la Europa del s. XVI se encontraba inmersa en una lucha de religión; en una Reforma y en una Contrarreforma; y en definitiva, en una sacudida científica que ponía en cuestión pilares básicos de la concepción católica del mundo. Desde Copérnico hasta Galileo, con una visión humanista y científica de la realidad. Todos los avances y descubrimientos de la época tuvieron una resistencia de aceptación.

Sin embargo, como ya decíamos, el axioma de la esfericidad del mundo se dejó ver desde el principio. Así lo recogió el propio Pigafetta a bordo de la nao Victoria:

desde que habíamos partido de la bahía de San Lucar hasta que regresamos a ella recorrimos, según nuestra cuenta, más de catorce mil cuatrocientas sesenta leguas, y dimos la vuelta al mundo.

Y también lo recogió el Elcano en la carta que mandó al Emperador Carlos V tras completarse el viaje:

que hemos descubierto y dado la vuelta a la redondez del mundo.

La visión del mundo cambió para siempre. La aparición de nuevos océanos y tierras ignotas venían a completar una idea global del mundo, más compleja y más total. Se inició una carrera por la posesión de los nuevos lugares, primero Portugal y Castilla, y  Holanda e Inglaterra después. Un proceso que aparece en los siglos XV y XVI y que no finalizará, en cierto, hasta los enfrentamientos coloniales de principios del s. XX.

En cuanto a la posesión de las recientes tierras descubiertas del Maluco, poco tiempo duró el interés de la corona por las mismas. Se creó la Casa de la Especiería en la Coruña y solo diez años después, el emperador vendía al rey de Portugal las islas Molucas por poco mas de 300.000 ducados. El control de las nuevas tierras conquistadas por Hernán Cortes y Pizarro, sumado a los progresivos descubrimientos de minas de metales como el Potosí y Zacatecas, acabarían desviando toda la atención hacia América.